Relaciones abiertas: lo que nadie te cuenta antes de intentarlo
Cuando hablamos de relaciones abiertas, lo primero que aparece es un mar de opiniones: para algunas personas puede ser una forma de explorar nuevas dinámicas, para otras un riesgo, y para muchas algo impensable.
Pero más allá de lo que diga el mundo, lo que importa es lo que pasa dentro de ti cuando surge esta posibilidad.
Pero más allá de lo que diga el mundo, lo que importa es lo que pasa dentro de ti cuando surge esta posibilidad.
¿Quieres explorarlo porque sientes curiosidad?
¿O es tu pareja de toda la vida quien lo propone y no sabes cómo manejar lo que sientes?
No hay respuestas “buenas” o “malas”. Lo que sí hay son emociones legítimas que merecen ser escuchadas: miedo, celos, inseguridad, pero también deseo de explorar, confianza y apertura.
¿O es tu pareja de toda la vida quien lo propone y no sabes cómo manejar lo que sientes?
No hay respuestas “buenas” o “malas”. Lo que sí hay son emociones legítimas que merecen ser escuchadas: miedo, celos, inseguridad, pero también deseo de explorar, confianza y apertura.
Qué significa abrir la relación (y por qué no es lo mismo para todas/os)
Una relación abierta no tiene un manual, puede ir desde acuerdos muy puntuales —como salir con alguien más de vez en cuando— hasta dinámicas más flexibles y frecuentes. Lo importante es entender que abrir la relación no es sinónimo de falta de amor ni de deseo. Muchas veces nace de la confianza y la transparencia, pero también puede poner sobre la mesa inseguridades, límites y necesidades que nunca se habían hablado.
Cuando la idea nace de ti
Si eres tú quien tiene curiosidad de abrir la relación, es normal que te genere nervios o dudas. Pregúntate primero:
- ¿Lo deseo porque realmente quiero vivirlo, o porque busco escapar de algo que me incomoda en la relación?
- ¿Estoy preparada/o para conversar sobre esto con honestidad, sabiendo que mi pareja puede sentir miedo o rechazo?
- ¿Qué me imagino que cambiaría en mi vida y en mi vínculo si esto se diera?
No hay nada de malo en sentir interés. Lo importante es reconocer de dónde viene ese deseo antes de compartirlo.
Cuando la propuesta viene de tu pareja
Si la idea no nace de ti, sino de tu pareja, pueden aparecer muchas emociones: sorpresa, inseguridad, miedo, incluso la sensación de que “no soy suficiente”. Ahí lo importante es darte un tiempo para procesar lo que sientes. Aceptar solo por miedo a perder a alguien no es lo mismo que aceptar porque de verdad lo quieres. Algunas preguntas que pueden ayudarte:
- ¿Qué sentí al escuchar esta propuesta?
- ¿Estoy de acuerdo o simplemente estoy evitando un conflicto?
- ¿Qué necesito yo en este momento, más allá de lo que quiera la otra persona?
Los retos emocionales más comunes
Las relaciones abiertas pueden traer consigo aprendizajes, pero también desafíos importantes:
- Celos y comparación: incluso con amor, los celos pueden aparecer.
- Miedo a no ser suficiente: abrir la relación puede activar inseguridades profundas.
- Ritmos distintos: puede que uno se sienta cómodo y el otro no, y eso genera tensiones.
- Comunicación constante: hablar más y con más claridad que nunca es indispensable.
- No es un “parche”: abrir la relación no resuelve automáticamente los problemas previos.
El rol del acompañamiento profesional
Buscar ayuda no significa que alguien vaya a decirte “sí” o “no” sobre abrir la relación. Significa contar con un espacio seguro para:
- Poner en palabras lo que sientes, sin miedo a ser juzgada/o.
- Entender qué necesitas tú, antes de tomar una decisión.
- Aprender a comunicarte con tu pareja de manera clara y respetuosa.
- Validar que todas las emociones que surgen (celos, ilusión, miedo, deseo) son legítimas.
La terapia no dicta reglas, pero sí puede darte claridad y herramientas para vivir este proceso sin dejar de cuidarte.
En resumen
Las relaciones abiertas no son recetas mágicas ni errores garantizados.
Son una posibilidad que algunas parejas exploran, y que inevitablemente trae consigo preguntas, retos y emociones intensas.
La claridad empieza contigo.
Al final, abrir (o no) una relación es una decisión personal y compleja. Lo que sí puedes tener claro es que no tienes que procesarlo sola/o.